Casi 35 años de pandemia de sida (y del VIH que lo causa) ha girado sobre un misterio: por qué si lo normal es que el virus destruya poco a poco el sistema inmune, hay personas que lo controlan sin necesidad de medicación durante décadas. Estos afectados, los llamados no progresores, han sido estudiados por activa y por pasiva, hasta que se ha llegado a una conclusión: hay una base genética al menos en la mayoría de ellos, que es justo la que la terapia génica que se ha presentado quiere reproducir: una mutación que hace que los linfocitos no se vean perjudicados por la infección del VIH. Una de las causas es que les falte la cerradura que necesita el virus para empezar a actuar: el receptor CCR5. Precisamente esta variación genética es la que se buscó por ejemplo, en el caso de Tim Brown, el paciente de Berlín, el único adulto que se ha librado del VIH. Brown tenía una leucemia, y al tratarle se destruyeron todos sus leucocitos con la quimioterapia (lo que eliminó los reservorios donde se oculta el VIH), y luego se le trasplantó médula de una persona con la mutación que hace que sus células carezcan del receptor CCR5.
Reproducir ese cambio es lo que busca la terapia génica.


